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Como en el 2013, cipriani promueve la intolerancia religiosa

LA MARCHA DE LAS TERMITAS

Cuando la intolerancia invade las calles

Las termitas sociales no son simples hormigas.  Son un peligro para la sociedad pues se la van comiendo por dentro sin que nadie se de cuenta hasta cuando se convierten en mayoría.

Luis Pineda

Publicado: 2014-03-22

Las termitas no son poderosas guerreras. Son más bien las más pequeñas y débiles de su especie. No tienen ese exoesqueleto quitinoso y suficiente duro para resistir el ataque de otras. Lo notable de las termitas es su capacidad de construcción. En África se pueden observan enormes termiteros de varios metros de alto y muy sólidos, que los resguardan de la inclemencia exterior, los protegen de sus enemigos, brindan una gran comodidad para que la colonia pueda vivir y reproducirse sin problemas en su interior. Las termitas no tienen una armadura para defenderse de sus enemigos, no lo necesitan. El hormiguero les sirve de caparazón colectivo y aseguran la continuidad de la especie. Es su especialización.  

A semejanza de las termitas, dentro de nuestra sociedad existen colonias de insectos que se cobijan bajo tierra, construyen sus grandes colonias que son inexpugnables, y desde allí lanzan su ofensiva contra el mundo, predicando la existencia de su orden no biológico, sino teleológico, perfecto e inalterable desde el supuesto del plan de Dios. Estos insectos sociales tienen un gran poder, ganado durante muchos siglos, desde las etapas de oscurantismo quisieron poner a buen recaudo las bases de su orden perfecto, rechazando cualquier otro que difiera. Lo hicieron desde el manto protector de la Iglesia Católica. Un principal argumento es que asumieron desde su lógica dogmatica y escolástica la defensa de la vida. Para ellos la vida es inalterable, es un mandato divino, no importa para nada la apreciación de la ciencia o de la justicia. La vida por si misma se defiende y en eso son inconmovibles. Sin embargo, esta solida posición tiene serias fisuras, ambigüedades y contradicciones. La vida que para ellos se debe defender puede perfectamente poner en riesgo la vida de otros. La vida que para nuestras termitas debe de ser defendida, no importa que pueda originarse en la transgresión de su propia vida por otros. La vida, inasible, intemporal y hasta etérea, debe ser defendida a toda cosa, aun cuando esta es concebida y debe de ser continuada por la madre aun en su condición de víctima. Estas tres ideas tan elementales son rebatidas por el supuesto incontrovertible de la tradición y la fe.

La Marcha por la Vida en Lima que en estos momentos viene desplegándose por las calles de Lima, es una muestra del poder real de las termitas de la sociedad. Ha sido convocada por varias instituciones, muchas de ellas si no respetables cuanto menos con un autoproclamado sentido de autoridad como la Iglesia católica que no haciendo eco de las imputaciones que ha recibido por tolerar e inclusive alcahuetear la pedofilia y la violencia sexual de sus miembros contra sus propios feligreses, y al parecer resultando inclusive siendo una forma siniestra de operar de algunas de sus sectas, como es el caso no aclarado hasta ahora del Opus Dei y el Sodalicio de Vida Cristiana, que tienen obispos, miembros de la jerarquía y del clero acusados de abusar de sus miembros principalmente jóvenes. Se ha producido casos dentro de estas instituciones donde hasta su fundador y uno de sus principales líderes ha sido señalado como parte de estas prácticas institucionalizadas o al menos solapadas en su institución, motivando hasta en el caso de German Doig a cortar el proceso de su beatificación. Lo sucedido en los casos de la Legión de Cristo en México, donde el propio obispo y jefe de la secta ha sido acusado de abominables crímenes no dista mucho de la situación que se vive con sus similares en nuestro propio país.

Lo que no nos debe extrañar es que esta marcha esta siendo convocada bajo el influjo directo de la termita mayor, Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, quien se juega una de sus últimas cartas para generar una corriente de opinión a su favor, pues parece inminente su remoción (o promoción) a un alto cargo en el Vaticano que lo apartaría definitivamente del país y sobre todo de su gran vocación y pasión por inmiscuirse en la vida política del país, siempre a favor de las causas más oscuras y retardarías. No se diga más de dos aparentemente serias universidades controladas por algunas órdenes religiosas y corrientes eclesiales, Universidad Católica Sede Sapientae y la Universidad Femenina del Sagrado Corazón, que se sabe son de las más cercanas al conservadurismo y el dogmatismo dentro de la iglesia peruana en la capital, menos todavía de El Comercio hasta ese entonces controlada por personajes como Martha Meier Miró Quesada ligada al Opus Dei y el fujimorismo, la ACI Agencia Cristiana de Información, vocera Sodálite que salto a la fama tras las acusaciones de Jasón Day sobre un velado intento de abuso de uno de sus curas cuando este actor era un niño, a las que suman un conjunto de organizaciones termitas, fundamentalistas y sacha fascistas escudadas todas bajo el manto protector de que se trata de una marcha por la vida.

Y es que las termitas, estas pequeñas hormigas blancas, se alimentan de la celulosa que tiene la madera. Tal es su capacidad para devorar la celulosa de la madera que puede atravesar cualquier cosa hasta llegar hasta la madera, incluso en las construcciones de concreto y ladrillo, atraviesan muros infranqueables, haciendo galerías hasta atravesar una pared para alcanzar su alimento. Inclusive pueden atacar vigas de madera o arboles completos, horadarlos desde dentro hasta devorarlos por completo, dejando la pieza o la corteza del árbol aparentemente entera vista desde afuera. Así ocurre con la mayoría de estas instituciones y colectivos convocantes a la llamada "Marcha por la Vida" que en realidad es una reacción contra los avances legales para despenalizar el aborto terapéutico y en los casos de violación sexual, y avanzar progresivamente como en otras democracias en defensa de su descriminalización.

Los insectos ideológicos, parapetados desde sus termiteros siguen socavando la sociedad desde sus bases, transmitiendo sus mensajes de intolerancia, y atravesando las aparentemente sólidas estructuras de la sociedad peruana, para finalmente llegar a la celulosa de la libertad y la democracia, para devorarla conjuntamente con los derechos de los ciudadanos a regirse de acuerdo a la ley de un Estado que debe de una vez por todas declararse independiente de la imposición o influencia desde las iglesias. Sólo así podremos lograr el ansiado Estado laico, herencia de la revolución francesa como aspiración y mandato de la historia, recién a mitad de la segunda década del siglo XXI en el Perú.


Escrito por

eleperu2

Observador de la realidad monda y lironda


Publicado en

Guerrero de la Palabra

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